reinadecapitada Jueves, 15 mayo 2014

A LOS 40: No la odiamos pero… ¿por qué no la amamos?

Regina Limo

Nerd feminista y lesbiana. Escribo cuentos y teatro. Leo como descosida y colecciono juguetes. También puedes leerme aquí http://www.nexosrevista.com/search/label/Reina%20Decapitada Hueveo en Twitter como @reinadecapitada

Alerta de spoiler: escribiré sobre la película contando partes importantes de la trama. Si no la has visto, detente aquí.  Si decides seguir, conste que te advertimos.

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Fui a verla sin expectativas. Creo que es lo que tendría uno que hacer con cualquier película de cuyo director desconoces el trabajo. Fui a verla solo con la esperanza de que por lo menos no hicieran un bodrio.

Y no hicieron un bodrio.

Es solo una película entretenida y superficial. Distrae, y ya. Tiene trama, pero es una trama ligera, en más de un sentido.

 

Y ese es su principal defecto.

En la narrativa clásica cinematográfica (la de Hollywood, por ejemplo) siempre se plantea un personaje con un objetivo definido desde el inicio: salvar al mundo, encontrar pareja, vencer a los malos, etc. La gracia de la trama entonces es contarnos cómo ese personaje logra ese objetivo y quienes se interponen entre ellos. Y lo que se interpone entre los personajes puede ser cualquier cosa: los extraterrestres, los mafiosos, el miedo de la chica a echar a perder su relación, el miedo del chico a mostrarse vulnerable, etc. Toda película establece personajes y un conflicto. Salvo que seas un director vanguardista, la trama es todo en el cine. Pero el rompimiento de las reglas, ya se sabe, está reservado a los más talentosos.

Una película que siga esta estructura será una película, digamos, eficiente. Complace al público porque este reconoce al instante lo que sucede y se identifica con el objetivo del personaje: todos queremos que el malo sea derrotado o que los enamorados terminen de declararse su amor. Evidentemente esto es solo una fórmula. No es en sí bueno o malo. Grandes películas del cine tienen esta estructura, y películas malísimas también.

De esto se deduce que para que una película sea considerada buena deberá trascender su estructura. Debe complacer al público, sí, pero también puede permitirse perturbarlo, cuestionarlo, generar catarsis.  En resumen: ser memorable. Pero A los 40 no lo logra.

Que no se me malentienda. Creo que no soy de esas espectadoras odiosas que esperan que la película tenga nivel de ganadora de Cannes para arriba. Creo que el cine puede entretener, enseñar, emocionar y todo eso junto. O solo entretener. Después de todo entre mis películas favoritas están tanto Casablanca como Legally Blonde.

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¿Qué sucede entonces con A los 40?

Dice la sinopsis de la película:

“Siete personajes que bordean los 40 años se enfrentan a su pasado, su presente y su futuro en una fiesta de reencuentro de promoción donde los llevan a preguntarse, dentro de divertidas y enredadas situaciones, hacia dónde están encaminando su vida.”

Por la sinopsis y por el tráiler, esperaba una película de personajes que efectivamente hagan una reflexión en clave de comedia sobre su edad y su situación. Una película de aprendizaje en el cine peruano no está mal ¿no? Es una gran propuesta. Supuestamente estamos en la época en la que la clase media es la protagonista. ¿Qué mejor que una ficción donde esta se sienta identificada?

 

Pulgar arriba:

  • La trama. Ok, no es la gran trama, pero al menos tiene una. Desde el principio se definen los personajes y los objetivos. Muy bien. La paradoja del cine peruano es que recién estamos puliéndonos con las técnicas clásicas.

 

  • Cada actor representó a un personaje acorde a su personalidad. ¿Esto es un defecto? No necesariamente. No sé si Katia Condos o Johanna San Miguel podrían ser buenas en otro tipo de papel, pero los de la película definitivamente les calzaban. Y está bien. Finalmente lo que se busca es coherencia.

 

  • Esto produjo un buen nivel de verosimilitud en muchas situaciones porque los personajes se comportaban según lo que se esperaba de los actores. La mejor escena por su grado de realismo, a mi parecer, es la de Johanna San Miguel y Sofía Rocha cuando la primera va a recoger a la segunda para ir a la fiesta de aniversario de la promo. Excelente química entre las actrices y una escena muy divertida la de los correazos (¿quién no ha llegado al maltrato físico cariñoso de las amigas para sacarlas de la depresión?).

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  • En ese sentido, la película acertó al pintar algunas situaciones locales: los concursos de televisión, las relaciones de “segundos compromisos”, los problemas del transporte y la burocracia, etc. De esto se derivaron algunos buenos chistes con el típico humor criollo contemporáneo.

 

  • Buena distribución de personajes estereotipo: la empresaria exitosa pero solitaria (Sofía Rocha), la diva insufrible (Johanna San Miguel), la divorciada ‘cool’ (Katia Condos), la nerd buena onda (Wendy Ramos). Se nota una mano más experimentada de guionista. Las comedias suelen funcionar con estereotipos: la rubia superficial, por ejemplo.

 

  • Algunos diálogos y frases memorables. “La chica de la ciudad sin sombra”, la teoría del pollo al horno del personaje de Wendy Ramos, o la cursi pero tiernísima: “Yo puedo ser tu horno microondas”. Los mejores diálogos los tienen las duplas Rocha-Neyra y Ramos-Carlín. Lástima que sean tan pocos.

 

  • El trasero de Andrés Wiese en ecran o una buena forma de poner en pantalla gigante lo que te gusta y te da la gana.

 

Pulgar abajo:

La película distrae pero nada más. Después de eso es demasiado políticamente correcta, el gran problema con A los 40 es que arriesga poco, casi nada.  Repito y no me canso de decirlo: no tiene que ser una película “seria” o tratar temas “profundos” para trascender. Pero como comedia merecía mejor trabajo de guion. Por ello puede llegar a ser olvidable salvo por su éxito de taquilla. Su humor no arriesga, es muy complaciente.

  • He mencionado antes los estereotipos bien usados. Una buena comedia hace que sus personajes rompan el estereotipo y se individualicen.  En cambio, las transformaciones de A los 40 son vacías, casi totalmente predecibles (la pedida de matrimonio, la reconciliación madre-hija, etc.). Precisamente esto ocurre porque, si bien los personajes están definidos, no se nota el trabajo de carácter en ellos, salvo excepciones, se limitan a hacer lo que el guion les dice que hagan.

 

  • Los conflictos de los personajes son bastante superficiales y se resuelven rápido. Vamos, se trata de mujeres de cuarenta años o mayores de cuarenta, clase media alta, con experiencia de vida. Teníamos un rico material por explotar: las personalidades, la idiosincrasia de una generación que fue joven o adolescente durante el Conflicto Armado Interno, resistió, y triunfó. ¿Qué manías, defectos, cualidades tienen estas personas?  ¿No por algo se llama A los 40?

 

  • Casi no hay chistes sobre el carácter, solo chistes de contexto (Alcántara gritando “¡Unión Civil!”). Creo que solo los secundarios tienen este tipo de bromas, como los personajes de Wendy Ramos y Carlos Carlín. No, no quiero lecciones de vida y reflexiones existencialistas, quiero chistes más ricos que el “pinga, pinga” de Johanna San Miguel.

 

  • Y aquí hay otro nivel en que la película no funciona: es sumamente conservadora. O sea, no basta tocar el tema de las relaciones homosexuales o de los romances entre mujeres mayores y hombres jóvenes, o de las relaciones después del divorcio. Tienes que decir algo al respecto que sea, por lo menos, un poquito transgresor. Pero no.

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  • Johanna San Miguel termina el romance con su chibolo por reconciliarse con su hija (quien sí puede estar con un hombre mayor, dicho sea de paso). ¿Cómo así en una comedia terminan complaciendo a un personaje tan antipático como esa insufrible hija de acento gaucho? No sé ustedes pero yo esperaba que el personaje de la San Miguel se empodere haciéndole entender que ella también tenía derecho a vivir de nuevo el amor. Esta es la subtrama más fallida, ni siquiera implica una transformación. Todos los personajes, incluso los secundarios, tiene un cambio significativo menos ella. El personaje vuelve a su punto inicial y allí parece quedarse.

 

  • Solo hay un beso en la trama de la relación lésbica. UNO SOLO. Y encima es un beso dado clandestinamente. Estimado Bruno Ascenzo, está bien que nuestro público no sea 100% gayfriendly, y no espero que hagas películas de temática gay subvertidoras del sistema a lo Bruce LaBruce, pero, por favor, esa trama podría haber terminado en algo más sano que ese diálogo de “seamos amiguitas por ahora, ni se te ocurra tocarme mientras tanto”. O sea, Dios perdona el pecado pero no el escándalo.

 

  • El final de Katia Condos  es el más rescatable. Sigue siendo bastante tradicional, pero al menos el personaje cambia totalmente de estado. Hay un futuro más definido en su horizonte.

 

  • Los personajes flojos y las tramas irresueltas son otro defecto. Por ejemplo, la hija de Johanna San Miguel cae mal, muy pero muy mal. Los códigos de la comedia mandan que un personaje antipático y, encima, antagonista deba de recibir alguna lección o merecido. Esto no sucede, el personaje se mantiene tal cual, plano, y la subtrama con su novio no aporta mucho a la historia.

 

  • Desperdiciar a Patricia Portocarrero es imperdonable, como personaje como actriz cómica. La presentan como la antipática del grupo y las “chicas” le hacen bullying frío en una escena sumamente incómoda. Pero nada más. Su personaje se disuelve, desaparece.

 

  • Yo sé que buscan taquilla, pero es injusto que una gran actriz como Gabriela Velásquez esté desperdiciada en un papel secundario mientras que Lali Espósito, cuyo talento actoral no encontré porque se pasa la película gritando, desperdicie tiempo en la pantalla.

 

Dos metidas de pata graves:

  • Carlos Alcántara es muy buen actor cómico. Cae bien y es espontáneo. Se nota que varias líneas del libreto son aportes suyos. Y se roba el show en algunas escenas, a pesar de ser un personaje secundario (de hecho llega a opacar a su pareja). Pero qué pésimo es que le hagan protagonizar una escena totalmente copiada de la película inglesa de humor negro Death at a funeral. ¿O creyeron que no íbamos a reconocer la trama del tipo bueno que ingiere drogas por accidente y se pone a hacer locuras en el evento social? A Cachín solo le faltó subirse desnudo al techo del colegio para que quedara tal cual. La que muchos creyeron la broma más ingeniosa de la película no es en absoluto una idea original del guion.

 

  • ¿Qué pasó con su página web? Se supone que según la cuenta oficial de Facebook es http://www.alos40lapelicula.com. Pero hasta el momento en que escribía estas líneas no funcionaba, y como ni siquiera aparece indexada en Google, puedo suponer que nunca estuvo en línea. ¿Dónde encuentro la ficha técnica? Pésimo tener la segunda película peruana más taquillera sin información disponible a la mano. Pésimo que descuiden detalles tan importantes como este.

 

A los 40 es cumplidora, narrativamente hablando, claro. Porque si de algo estamos hartos los espectadores del cine peruano es de terminar de ver la película y que nuestra reacción sea: “¿¿AHH??”. Y en superar eso, A los 40 cumple . Salimos con la sensación de que se contó una historia… Al menos. Ok., pero no es suficiente. Queremos más. Queremos buenas comedias, queremos buenos guiones. Y lo pedimos porque en el caso de A los 40, creemos que hubo potencial, pero aprobó con once.

Regina Limo

Nerd feminista y lesbiana. Escribo cuentos y teatro. Leo como descosida y colecciono juguetes. También puedes leerme aquí http://www.nexosrevista.com/search/label/Reina%20Decapitada Hueveo en Twitter como @reinadecapitada